Difícil de recordar. Imposible de olvidar.

martes, 22 de mayo de 2012


Dentro de una hora exactamente haríamos 4 años. Y habrían sido los 4 años mejores de mi vida. Solo llegó a 3 años y unos meses, pero fue genial mientras duró, exceptuando el final. Fue horrible ver cómo se iba yendo poco a poco de mi lado sin que yo pudiera hacer nada para remediarlo.
Aún recuerdo perfectamente el día que me pidió salir. Esa clase de tercero de la ESO, esa esquina de la clase, yo mirando al suelo, él mirando al suelo rojo como un tomate... con 15 años ya me estaba diciendo que me quería. No había estado conmigo nunca, pero ya me quería.  Le hice esperar una semana, porque todo lo bueno se hace esperar no?
23 de mayo de 2008. Me acuerdo que por la mañana había habido una tormenta y estaba nublado cuando llegué del instituto a casa. Había quedado con él por la tarde. Yo pensaba: Jope, que no llueva, por favor, que se me pone el pelo horrible y quiero estar guapa! Me acuerdo de ponerme mi ropa quinqui de esa época e irme hecha un flan a San Marcos. Pero un flan total. Yo quería estar con él, pero, y si me besaba y yo no sabía hacerlo? Él ya tenía experiencia, yo no tenía ni idea, había estado reservando ese momento para una persona que yo considerara muy especial, y sabía que esa persona era él.
Le ví. Cosquillas en el estómago. Con su pelo de colorines, y esa sonrisa que siempre tenía en la cara al verme. Estaba guapo, como siempre. Recuerdo ir por la calle de San Marcos a Guzmán, hablando y empujándonos, haciendo el tonto. Recuerdo que todo estaba muy verde, y las nubes se habían ido, y había un sol enorme, pero hacía viento. Él había prometido escribir en mi zapatilla, hasta el punto de que había traído el rotulador. Nos sentamos en un banco de un parque y me escribió "Te Kiero" en mi convers roñosa. Yo quería decirle de una vez que me moría por estar con él, pero me daba una vergüenza horrible sacar el tema. Recuerdo volver en dirección catedral por las estrechas calles del húmedo, y recuerdo como si fuera hoy que me cogió por detrás, abrazándome. Podía notar su respiración en mi cuello. Y justo en ese momento tan bonito aparecieron unos conocidos y nos jorobaron el rollo. Llegamos a la catedral, y nos sentamos en un banco. Después de algún comentario sobre nada, me preguntó: ¿Lo has pensado? ¿Que si lo había pensado? No había hecho otra cosa en los últimos meses. Le dije que sí que lo había pensado. Él dijo: ¿Y? Y yo respondí: Que sí. No se lo podía creer, recuerdo que me preguntó varias veces y no paraba de repetir: ¿en serio? Pues claro que en serio, y tan en serio. Se me acercó. Mucho. Yo no sabía ni qué hacer. Simplemente no hice nada, me quedé quieta, ahí, paralizada por el miedo a hacerlo mal y que se riera de mí. Sus labios estaban blanditos y suaves. Eso es lo que recuerdo. Mi primer beso. Nos levantamos y nos cogimos de la mano. Sus manos son grandes, así que la mía quedaba bien recogidita dentro de la suya. Luego fuimos al Scanner, donde mis amigos esperaban impacientes, y les engañamos un rato. Recuerdo estar en el Scanner y que él viniera, me apoyara contra la pared y me diera un beso. Recuerdo también ese beso y esa sensación como si fuera ahora. Y también recuerdo volver a casa, y los besos de ese día en mi portal, a oscuras. Subí a mi casa zombie total. Tenía novio. Y no cualquier novio. Al mejor chico que jamás hubiera podido imaginar. Un chico del que yo estaba enamoradísima, y él de mí, qué más se podía pedir? Me trataba como a una princesa. Recuerdo a la mañana siguiente su mensaje de buenos días, donde me llamaba princesa y me decía que me quería, y que había sido el mejor día de su vida. Nos queríamos, y mucho. Más de lo que está permitido a unos niñatos de 15 años, que no saben nada de la vida. Fuimos muy, muy felices, al menos yo. Fui muy feliz durante mucho tiempo, casi hasta el final de la relación. Él fue mi apoyo en todo. Era parte de mí. Le he querido como no he querido a nadie nunca, e hice todo lo que pude para que él fuera feliz a mi lado, pero supongo que nada era suficiente si yo no era ella. Si ese 23 de mayo de 2008 me llegan a decir cómo iba a acabar todo esto, me habría reído en su cara de manera descarada. Y, sin embargo, aquí estoy. Y ahora no me hace gracia. Duele.

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