Difícil de recordar. Imposible de olvidar.

lunes, 5 de enero de 2009

...Amanecer...

Sonreí a medias, y después alcé mi mano libre, que ahora no temblaba y la coloqué sobre su corazón. Blanco sobre blanco, por una vez, encajábamos bien. Él se estremeció ligeramente a mi cálido contacto y su respiración se volvió áspera.
- Te prometí que lo intentaría -me susurró él, de repente tenso -, pero si...si hago algo mal, si te hago daño, debes decírmelo corriendo.
Asentí con solemnidad, manteniendo mis ojos fijos en los suyos. Di un paso hacia delante a través de las olas e incliné la cabeza contra su pecho.
- No tengas miedo - le susurré - somos como una sola persona.
De pronto me abrumó la realidad de mis palabras. Ese momento era tan perfecto, tan auténtico. No dejaba lugar a dudas. Me rodeó con los brazos, me estrechó contra él y hasta la última de mis terminaciones nerviosas cobró vida propia.
- Para siempre - concluyó él y después nos sumergimos suavemente en el agua profunda.

El sol, caliente sobre la piel desnuda de mi espalda, me despertó por la mañana. Era muy tarde, quizás más del mediodía, no estaba segura. Pero aparte de la hora, todo lo demás quedaba totalmente claro. Sabía con excatitud dónde estaba, en aquella brillante habitación con la gran cama blanca, mientras los relucientes rayos del sol entraban por las puertas abiertas. Las nubes de la mosquitera tamizaban la luminosidad.
No abrí los ojos. Me sentía demasiado feliz como para cambiar nada, no importaba lo poco que fuera. Los únicos sonidos eran los de las olas allí afuera, nuestra respiración, el latir de mi corazón...
Me encontraba tan cómoda, incluso bajo el sol ardiente. Su piel fría era el antídoto acertado contra el calor. Tumbada, atravesada sobre su pecho helado, ceñida apretadamente por sus brazos, me sentía muy a gusto, muy natural. Me pregunté con pereza cómo había podido estar tan aterrorizada pensando en esa noche. Todos aquellos miedos me parecían ahora por completo estúpidos. Sus dedos recorrían suavemente el contorno de mi columna, y supe que se había dado cuenta de que estaba despierta. Mantuve los ojos cerrados y apreté aún más los brazos en torno a su cuello, ciñéndome para cercarme todavía más a él...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encanta esa escena ^^ pero me asuste cuando se ve los moratones xDDDD

Aiss!! que hector se pone celoso de un personaje de libro ... como son los chicos XD

bss =)

Anónimo dijo...

A mí no me molestoó que no vinierais tranqui ;) y a los demás no se xD espero que no...

Un lugar de película es... bueno ya te lo diré en persona =P

bss =)