Hoy volví a recordar aquel tiempo, los primeros meses del año pasado. Aquellos meses que me dejaron muy buen sabor de boca, pero que, más tarde me supieron amargos por el desengaño. Y hoy recordé aquello porque quedé con Sandra. Y me reí como entonces, mientras la veía bailar y cantar con el atril. Me acuerdo de aquellas tardes en su casa, con Leyre, y con (ex) María. Lo bien que lo pasábamos viendo vídeos del youtube, cantando, tocando, y adorando a nuestro dios número 33, Rafiki, del Rey León. Pero después, la cosa se enfrió cuando conocieron a los "Plash". Con Sandra, después de eso, la cosa volvió a su cauce, pero con María no, todo fué a peor. Todos nos desengañamos, y ahora tiene lo que se ha buscado. Va por ahí, vagando de persona en persona por los pasillos buscando lo que un día perdió. Los amigos de verdad. Como dice la canción de Sabina: "Ahora es demasiado tarde princesa..." Aunque ella de princesa tiene muy poco, porque es más basta que unas bragas de esparto xD
miércoles, 21 de enero de 2009
sábado, 17 de enero de 2009
sábado sabadete...
- El armario está detrás de esas puertas dobles. Te lo aviso... es más grande que esta habitación.
Ni siquiera eché una ojeada a las puertas. En esos momentos no había nada en el mundo más que él, con sus brazos doblados debajo de mí, su dulce aliento en el rostro y sus labios apenas a centímetros de los míos; y tampoco había nada que pudiera distraerme, fuera un vampiro neonato o no.
-Le vamos a decir a Alice que salí disparada a ver los vestidos - le susurré, retorciendo los dedos dentro de su pelo y acercando mi rostro al suyo -, y también que me pasé horas jugando a probármelo todo. Mentiremos.
Él captó mi estado de ánimo al instante, o quizás es que ya estaba de ese humor y que sólo estaba intentando que disfrutara a tope de mi regalo de cumpleaños, como un caballero. Atrajo mi rostro contra el suyo con una repentina fiereza y un bajo gemido en la garganta. Ese sonido lanzó una corriente eléctrica a través de mi cuerpo hasta ponerme casi frenética, como si no pudiera acercarme a él lo sufuciente ni lo bastante rápido.
Escuché cómo se desgarraba la tela bajo nuestras manos, y me alegre de que mis ropas, al menos, ya estuvieran destrozadas. Para las suyas fue demasiado tarde. Me pareció casi maleducado ignorar la bonita cama blanca, pero no tuvimos tiempo de llegar hasta allí.
La ninfómana Isabella Swan ha vuelto!! jajajaja Y ha vuelto fuerte, jajajaja. Es un cachito de Amanecer que me he leído esta tarde. No hay nada que destacar, tarde en casa, haciendo debes, escuchando música, leyendo y tocando un poco la guitarra. En fin...
Ni siquiera eché una ojeada a las puertas. En esos momentos no había nada en el mundo más que él, con sus brazos doblados debajo de mí, su dulce aliento en el rostro y sus labios apenas a centímetros de los míos; y tampoco había nada que pudiera distraerme, fuera un vampiro neonato o no.
-Le vamos a decir a Alice que salí disparada a ver los vestidos - le susurré, retorciendo los dedos dentro de su pelo y acercando mi rostro al suyo -, y también que me pasé horas jugando a probármelo todo. Mentiremos.
Él captó mi estado de ánimo al instante, o quizás es que ya estaba de ese humor y que sólo estaba intentando que disfrutara a tope de mi regalo de cumpleaños, como un caballero. Atrajo mi rostro contra el suyo con una repentina fiereza y un bajo gemido en la garganta. Ese sonido lanzó una corriente eléctrica a través de mi cuerpo hasta ponerme casi frenética, como si no pudiera acercarme a él lo sufuciente ni lo bastante rápido.
Escuché cómo se desgarraba la tela bajo nuestras manos, y me alegre de que mis ropas, al menos, ya estuvieran destrozadas. Para las suyas fue demasiado tarde. Me pareció casi maleducado ignorar la bonita cama blanca, pero no tuvimos tiempo de llegar hasta allí.
La ninfómana Isabella Swan ha vuelto!! jajajaja Y ha vuelto fuerte, jajajaja. Es un cachito de Amanecer que me he leído esta tarde. No hay nada que destacar, tarde en casa, haciendo debes, escuchando música, leyendo y tocando un poco la guitarra. En fin...
lunes, 12 de enero de 2009
miércoles, 7 de enero de 2009
...puedes contar conmigo...
Y si hay que morir, mejor será luchando,
Y si hay que vivir, será pensando en ti
Con tus besos forjé mi espada y mi armadura
Podrás contar conmigo amor por ti yo moriré.
lunes, 5 de enero de 2009
...Amanecer...
Sonreí a medias, y después alcé mi mano libre, que ahora no temblaba y la coloqué sobre su corazón. Blanco sobre blanco, por una vez, encajábamos bien. Él se estremeció ligeramente a mi cálido contacto y su respiración se volvió áspera.
- Te prometí que lo intentaría -me susurró él, de repente tenso -, pero si...si hago algo mal, si te hago daño, debes decírmelo corriendo.
Asentí con solemnidad, manteniendo mis ojos fijos en los suyos. Di un paso hacia delante a través de las olas e incliné la cabeza contra su pecho.
- No tengas miedo - le susurré - somos como una sola persona.
De pronto me abrumó la realidad de mis palabras. Ese momento era tan perfecto, tan auténtico. No dejaba lugar a dudas. Me rodeó con los brazos, me estrechó contra él y hasta la última de mis terminaciones nerviosas cobró vida propia.
- Para siempre - concluyó él y después nos sumergimos suavemente en el agua profunda.
El sol, caliente sobre la piel desnuda de mi espalda, me despertó por la mañana. Era muy tarde, quizás más del mediodía, no estaba segura. Pero aparte de la hora, todo lo demás quedaba totalmente claro. Sabía con excatitud dónde estaba, en aquella brillante habitación con la gran cama blanca, mientras los relucientes rayos del sol entraban por las puertas abiertas. Las nubes de la mosquitera tamizaban la luminosidad.
No abrí los ojos. Me sentía demasiado feliz como para cambiar nada, no importaba lo poco que fuera. Los únicos sonidos eran los de las olas allí afuera, nuestra respiración, el latir de mi corazón...
Me encontraba tan cómoda, incluso bajo el sol ardiente. Su piel fría era el antídoto acertado contra el calor. Tumbada, atravesada sobre su pecho helado, ceñida apretadamente por sus brazos, me sentía muy a gusto, muy natural. Me pregunté con pereza cómo había podido estar tan aterrorizada pensando en esa noche. Todos aquellos miedos me parecían ahora por completo estúpidos. Sus dedos recorrían suavemente el contorno de mi columna, y supe que se había dado cuenta de que estaba despierta. Mantuve los ojos cerrados y apreté aún más los brazos en torno a su cuello, ciñéndome para cercarme todavía más a él...
- Te prometí que lo intentaría -me susurró él, de repente tenso -, pero si...si hago algo mal, si te hago daño, debes decírmelo corriendo.
Asentí con solemnidad, manteniendo mis ojos fijos en los suyos. Di un paso hacia delante a través de las olas e incliné la cabeza contra su pecho.
- No tengas miedo - le susurré - somos como una sola persona.
De pronto me abrumó la realidad de mis palabras. Ese momento era tan perfecto, tan auténtico. No dejaba lugar a dudas. Me rodeó con los brazos, me estrechó contra él y hasta la última de mis terminaciones nerviosas cobró vida propia.
- Para siempre - concluyó él y después nos sumergimos suavemente en el agua profunda.
El sol, caliente sobre la piel desnuda de mi espalda, me despertó por la mañana. Era muy tarde, quizás más del mediodía, no estaba segura. Pero aparte de la hora, todo lo demás quedaba totalmente claro. Sabía con excatitud dónde estaba, en aquella brillante habitación con la gran cama blanca, mientras los relucientes rayos del sol entraban por las puertas abiertas. Las nubes de la mosquitera tamizaban la luminosidad.
No abrí los ojos. Me sentía demasiado feliz como para cambiar nada, no importaba lo poco que fuera. Los únicos sonidos eran los de las olas allí afuera, nuestra respiración, el latir de mi corazón...
Me encontraba tan cómoda, incluso bajo el sol ardiente. Su piel fría era el antídoto acertado contra el calor. Tumbada, atravesada sobre su pecho helado, ceñida apretadamente por sus brazos, me sentía muy a gusto, muy natural. Me pregunté con pereza cómo había podido estar tan aterrorizada pensando en esa noche. Todos aquellos miedos me parecían ahora por completo estúpidos. Sus dedos recorrían suavemente el contorno de mi columna, y supe que se había dado cuenta de que estaba despierta. Mantuve los ojos cerrados y apreté aún más los brazos en torno a su cuello, ciñéndome para cercarme todavía más a él...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

